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lunes, 10 de mayo de 2010

Capítulos de la Historia Universal

Episodio III
La leyenda del rey Arturo

Siglo V, Britania
Sobrevolamos todo un distrito de aldeas comandadas por el duque de Corwold. Un autoritario aristócrata que tiene al pueblo sometido por los grandes tributos que les hace pagar. Todos temen al aristócrata y pagan sus impuestos a pesar de quedarse sin casi nada para la propia sustentación. En una comisión de hombres cultos que buscaban una salida a todo aquel injusto saqueo, creyeron que sería una hábil solución buscarle una esposa al jerarca. Buscaron la más bella mujer que se prestara a tal favor para salvar las aldeas e idearon una forma de conseguir hacerla entrar en palacio. Lo consiguieron haciéndola pasar como bailarina, un regalo que todo el distrito le hacía a su patriarca. El resto sería cosa de ella, pero se ve que lo hizo perfecto ya que el duque de Corwold se casó con Igrein. Pero Igrein amaba en silencio a otro noble, Ucer Pen Dragon. El duque, que era cornudo pero no tonto, encerró a Igrein en su residencia de verano en Tintagel. La fortaleza estaba vigilada por todos los flancos y rincones, era imposible entrar sin ser visto y apresado. Ucer, viendo que su posibilidad de ver a su amada se hacía imposible, acudió a un hechicero para poder ver a Ingrein su amada. El hechicero era Merlín, el que aceptó ofrecerle un brebaje que lo convertiría en el mismísimo duque Corwold, a cambio de que le entregara en absoluta posesión al primogénito que tuviera con aquella unión. Tomado el brebaje, entró en la fortaleza como si realmente fuese el mismísimo duque. Accedió a los aposentos de Ingrein y pasó aquella noche junto a su amada. Fruto de aquella noche nació un niño, al que entregaron, como debidamente habían pactado, al hechicero que provocó aquella unión.

Merlín fue el mentor de aquel joven al que llamó Arturo, y le enseñó todas las habilidades necesarias para un príncipe. Necesitaba una espada con la que entrenar, puesto que Merlín tenía claro el futuro de aquel puber, y lo condujo al bosque donde se encontraba la famosa espada de la leyenda. Se decía que aquel que pudiera extraer la espada del yunque donde estaba incrustada, sería el rey de Inglaterra. Arturo la extrajo con suma facilidad y aprendió todas las técnicas con aquella espada. Pasado el tiempo, cuando Arturo era casi un hombre adulto, necesitaba una nueva espada más fuerte y hábil que la primera. Merlín le indicó el lugar donde encontraría una espada digna de un rey. En un lago secreto vivía una hechicera llamada La Dama del Lago. Ella forjó la espada más poderosa del mundo, a la que llamó Excalibur. Arturo se convirtió en un magnífico jefe militar que supo poner a raya a los germanos y a los sajones. La recompensa por sus servicios fue ser coronado rey de Britania. Y fue en Camelot donde gobernó toda su tierra junto a su amada Ginebra. Arturo se reunió de los mejores y más fieles guerreros para contraatacar las fuerzas sajonas, y los llamó Los Caballeros de la Mesa Redonda.

En su última batalla, la Batalla de Canlann, Arturo se enfrentó a Mordred a quien mató gracias a un certero y rápido golpe con su espada Excalibur, pero quedó gravemente herido. Nueve mujeres encapuchadas se llevaron a Arturo, herido de muerte, en barca a la isla de Ávalon, donde murió.

Pero, ¿Existió realmente el rey Arturo? ¿La espada Excalibur fue real o leyenda? ¿Exitió Camelot y la archiconocida mesa redonda? ¿Donde está Ávalón y la tumba del rey Arturo? Todas estas preguntas serán debidamente contestadas en una segunda parte de este artículo mañana, respuestas avaladas por los restos arqueológicos y por historiadores e investigadores especialistas en el tema que nos ocupa. Hasta entonces os recomiendo la película "El rey Arturo" estrenada en junio del 2004 con el subtítulo "La verdadera historia que inspiró la leyenda".

miércoles, 5 de mayo de 2010

Capítulos de la Historia Universal

Episodio I
La noche de los cristales rotos
(Este capítulo está basado en el testimonio real de Dora Unger)


Dora tenía ocho años. Era una feliz niña judía que vivía en Essen, Alemania, junto a sus padres, hermano, sus tíos y dos primos en la casa familiar de su abuelo. Todo en su vida era normal, jugaba con sus amigas, estudiaba en el colegio de una organización juvenil religiosa y sus padres tenían un próspero negocio en las céntricas calles de la ciudad. Iba regularmente a la piscina municipal donde le enseñaban natación como al resto de la población.  En Octubre de mil novecientos treinta y ocho, una maestra se le acerca con lágrimas en los ojos diciéndole que ahora está prohibida la entrada a los judíos.


9 de noviembre de 1938. 00:30h. de la madrugada.
Dora duerme apacible, junto a sus primos, cuando el sonido de varios impactos y golpes provenientes de la ventana la despiertan. Asustada, se levanta y acude al cuarto de sus padres, pero no encuentra a nadie. El pánico se apodera de ella y comienza a gritar. No transcurre más de varios segundos cuando su madre aparece por la puerta, indicándole que no hiciera ruido. No entiende nada. Su progenitora le ordena que vuelva con sus primos. Ella no quiere, tiene miedo. Su madre, entendiendo que el miedo no se puede controlar, accede a que Dora se reúna con los adultos en el salón de la casa. Fuera se sigue escuchando un gran estruendo, los golpes se mezclan con gritos de súplica. La tía llora en los brazos de su marido y su padre  se mantiene alerta junto al alféizar de la ventana. De repente, se escuchan varios golpes en la puerta que da a la calle. Un gran vuelco al corazón sienten todos los integrantes de la familia. Los golpes se vuelven cada vez más intensos. Dora se dirige hacia su padre para preguntarle por qué golpean la puesta de esa forma, cuando un hacha surca desde la ventana a gran velocidad hacia el interior de la vivienda. Dora cae al suelo. Sus padres, que estaban atentos a la puerta, corren hacia Dora al verla que yacía inerte. El hacha le había golpeado la cabeza. En ese instante se abre la puerta bruscamente. Varios soldados de la SS entran en la casa y mientras dos vigila a los recién encontrados, otros dos buscan por el resto de la casa. La madre de Dora abraza llorando a su hija, buscando con la mirada la probable sangre de la niña. No la encontró, por fortuna el hacha le había impactado por la parte del mango, su hija sólo estaba traspuesta. Los soldados alemanes volvían con los primos de Dora. Uno de los niños rompió a llorar y un soldado lo golpea con la culata de su rifle Mauser.


 1940-45: "En Ámsterdam, como refugiados, mis padres no tenían permitido trabajar y no nos podían mantener a mí ni a mi hermano. Una organización de ayuda judía me mandó a Buergerweeshuis, un orfanato donde había 80 niños refugiados judíos. Justo después de que los alemanes invadieran los Países Bajos en mayo de 1940, "Mama Wysmueller", una danesa que trabajaba para rescatar a miles de niños consiguiéndoles pasajes a Inglaterra, vino y nos dijo a todos que nos vistiéramos. Fuimos trasladados en autobús hasta un muelle y nos pusieron en el barco Bodengraven."





Dora pasó el resto de la guerra en Inglaterra. Sus padres y su hermano murieron en los campos de Sobibor y Auschwitz. Dora emigró a Israel en 1946.


Un nuevo episodio del inconcebible horror nazi. Una nueva forma de recordar algo que no se debe repetir jamás.